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07 November 2012 @ 10:38 pm
Taller de escritura - Semana 4  
  Es curioso lo que le pasó a las demás semanas, el texto de la segunda semana debería ser publicado en unos días, pero mientras tanto aquí esta el de esta. Esta vez el ejercicio consistía en hacer un texto que girase en torno a algo de lo que quiero deshacerme (mi mortalidad) y algo que me gustaría tener (magia). Resulta obvio que no me contuve con los temas elegidos.


Hacía ya unas semanas que había encontrado el libro que cambió mi vida. Estaba curioseando en una vieja biblioteca cuando lo vi, era un libro pequeño, de encuadernación marrón, bastante normal y discreto en apariencia; lo que en realidad sólo lo hacía destacar más entre los libros que lo rodeaban, como el Necronomicón o la Biblia Perdida.

Cuando le empecé a echar un vistazo me quedé maravillado ante lo que allí había escrito: rituales, no arcanos sino posibles, páginas y páginas de recetas, procesos e ingredientes, incluso tenía el buen detalle de incluir al final un índice de sucedáneos posibles para cada cosa. Con ese libro uno podía conseguir todo lo que le viniera en gana.

Una de las recetas solucionaba un problema que siempre me había atormentado: el de mi propia mortalidad. Maravillado, empecé a seguir la receta del libro, descubriendo con sorpresa y agrado lo fácil que resultaba. El último paso escrito era el dejar reposar el brebaje formado hasta ese momento durante toda una fase lunar, así que esperé.

Le eché un vistazo, ya había pasado el tiempo necesario, y el líquido que en un principio era de un color verde cenagoso se había vuelto tan claro y transparente como el agua. Tenía un ligero olor a canela. Lo cogí con firmeza y bebí todo de un trago.

Había pasado mucho tiempo desde que bebí la pócima de la inmortalidad. No sé cuanto exactamente, terminé por perder la cuenta con el paso de los eones. Vi como nacían y morían civilizaciones, una y otra vez, hasta que dejaron de existir todas. Y ¿poco? Después dejó de haber humanos. Luego animales, y plantas...

Sólo. Me había quedado totalmente sólo en todo el planeta. Un planeta que a esas alturas no era más que un erial rocoso y reseco, sin gota de agua y con un cielo tenebroso.

Sólo... pero al menor había conseguido lo que quería. Era inmortal. Era un superviviente. Era... el único que quedaba.

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